Había una vez una nena que vivía en un bosque encantado lleno de cosas mágicas, con muchos árboles y animalitos que le hacían compañía día a día. Sin embargo, sus ojos denotaban una tristeza profunda, una tristeza que llevaba ahí muchos años, una tristeza que venía de su sangre y sus antepasados cuyas vidas fueron marcadas por la soledad. Vivía triste pero acostumbrada a ese sentimiento de vacío que la acompañó desde que empezó a escuchar el canto de los pájaros. Estaba sola.
En el bosque tenía un castillo enorme, tan grande que no le alcanzaba la vida para recorrer todas las habitaciones y jardines encantados. Había también un río con agua cristalina que dejaba ver a través de él cientos de peces de todos los colores, incluso colores nunca vistos por nadie y que ella nombraba con palabras que nadie conocía. En ese paraíso, ella seguía sola.
Cansada de tanta soledad, empezó a soñar e imaginar cómo sería el amor, el rumor del río le habló de él pero ella quiso saber más. Paseaba por los jardines encantados repletos de flores y pájaros, buscaba inspiración y respuestas en el aire del bosque pero no las encontraba. Miraba su reflejo en el río y seguía viéndose sola y triste.
Un día, en su recorrido diario por el bosque sucedió algo que iba a marcar su vida para siempre. Vio algo que creyó que era producto de su imaginación. Frente a sus ojos había una princesa con una hermosura que helaba la sangre, una belleza natural y desinteresada, reparadora. La nena entendió que su sueño se había vuelto realidad.
Desde ese día, iba todas las tardes a verla en ese mismo escenario mágico donde la conoció y pasaban el tiempo hablando e imaginando una vida distinta, una vida sin soledad. Pero sin darse cuenta, sus vidas habían cambiado desde el primer día en que se vieron, ya nunca iban a estar solas, tampoco serían dos...a partir de ese momento se convirtieron en una...un mismo corazón, los mismos sueños, las mismas miradas y las mismas palabras, solo un alma.
Pasaron miles de años y ellas viven aún en ese bosque encantado de mi cuento infinito donde yo también encontré mi princesa eterna.
En el bosque tenía un castillo enorme, tan grande que no le alcanzaba la vida para recorrer todas las habitaciones y jardines encantados. Había también un río con agua cristalina que dejaba ver a través de él cientos de peces de todos los colores, incluso colores nunca vistos por nadie y que ella nombraba con palabras que nadie conocía. En ese paraíso, ella seguía sola.
Cansada de tanta soledad, empezó a soñar e imaginar cómo sería el amor, el rumor del río le habló de él pero ella quiso saber más. Paseaba por los jardines encantados repletos de flores y pájaros, buscaba inspiración y respuestas en el aire del bosque pero no las encontraba. Miraba su reflejo en el río y seguía viéndose sola y triste.
Un día, en su recorrido diario por el bosque sucedió algo que iba a marcar su vida para siempre. Vio algo que creyó que era producto de su imaginación. Frente a sus ojos había una princesa con una hermosura que helaba la sangre, una belleza natural y desinteresada, reparadora. La nena entendió que su sueño se había vuelto realidad.
Desde ese día, iba todas las tardes a verla en ese mismo escenario mágico donde la conoció y pasaban el tiempo hablando e imaginando una vida distinta, una vida sin soledad. Pero sin darse cuenta, sus vidas habían cambiado desde el primer día en que se vieron, ya nunca iban a estar solas, tampoco serían dos...a partir de ese momento se convirtieron en una...un mismo corazón, los mismos sueños, las mismas miradas y las mismas palabras, solo un alma.
Pasaron miles de años y ellas viven aún en ese bosque encantado de mi cuento infinito donde yo también encontré mi princesa eterna.
