domingo, 1 de marzo de 2009

Cuento de princesas


Había una vez una nena que vivía en un bosque encantado lleno de cosas mágicas, con muchos árboles y animalitos que le hacían compañía día a día. Sin embargo, sus ojos denotaban una tristeza profunda, una tristeza que llevaba ahí muchos años, una tristeza que venía de su sangre y sus antepasados cuyas vidas fueron marcadas por la soledad. Vivía triste pero acostumbrada a ese sentimiento de vacío que la acompañó desde que empezó a escuchar el canto de los pájaros. Estaba sola.
En el bosque tenía un castillo enorme, tan grande que no le alcanzaba la vida para recorrer todas las habitaciones y jardines encantados. Había también un río con agua cristalina que dejaba ver a través de él cientos de peces de todos los colores, incluso colores nunca vistos por nadie y que ella nombraba con palabras que nadie conocía. En ese paraíso, ella seguía sola.
Cansada de tanta soledad, empezó a soñar e imaginar cómo sería el amor, el rumor del río le habló de él pero ella quiso saber más. Paseaba por los jardines encantados repletos de flores y pájaros, buscaba inspiración y respuestas en el aire del bosque pero no las encontraba. Miraba su reflejo en el río y seguía viéndose sola y triste.
Un día, en su recorrido diario por el bosque sucedió algo que iba a marcar su vida para siempre. Vio algo que creyó que era producto de su imaginación. Frente a sus ojos había una princesa con una hermosura que helaba la sangre, una belleza natural y desinteresada, reparadora. La nena entendió que su sueño se había vuelto realidad.
Desde ese día, iba todas las tardes a verla en ese mismo escenario mágico donde la conoció y pasaban el tiempo hablando e imaginando una vida distinta, una vida sin soledad. Pero sin darse cuenta, sus vidas habían cambiado desde el primer día en que se vieron, ya nunca iban a estar solas, tampoco serían dos...a partir de ese momento se convirtieron en una...un mismo corazón, los mismos sueños, las mismas miradas y las mismas palabras, solo un alma.
Pasaron miles de años y ellas viven aún en ese bosque encantado de mi cuento infinito donde yo también encontré mi princesa eterna.