jueves, 26 de marzo de 2009

Recuerdo de amores inconclusos


Una voz, la dulzura de la canción, la energía de la música y mis ojos perdidos en algún punto de esa esquina, buscándote.
El recuerdo de las horas infinitas que mueren a tus pies. El silencio que se pierde con tu voz y tu perfume viajando en el viento.
Las miradas, las sonrisas, las caricias, todo en vos eterno, todo para siempre. La belleza conmovedora de tu piel que se une con tu pelo.
La molestia de una necesidad desesperada. La molestia de saber que no termina porque nunca empieza. La amargura de dejar entre tus brazos este corazón que late solo en vos.
El recuerdo de tu boca y tu sonrisa, la fotografía de tu mirada en mis pupilas. El encanto de mi nombre en tu voz desgarradora. El ahogo de un silencio que no para de callar.
Las palabras que no decimos porque ya las conocemos, las asignaturas pendientes. La forma en que caminas, tu forma de mirarme desgarrando cada centímetro de mi cuerpo.
El calor del deseo que nadie se anima a nombrar. El calor de mi deseo que no me animo a nombrar.
La falta de tiempo cuando sobran las ganas, las ganas que mueren como muere el verano.
La calma de tenerte cerca y la desesperanza en la ausencia de ilusión.





domingo, 1 de marzo de 2009

Cuento de princesas


Había una vez una nena que vivía en un bosque encantado lleno de cosas mágicas, con muchos árboles y animalitos que le hacían compañía día a día. Sin embargo, sus ojos denotaban una tristeza profunda, una tristeza que llevaba ahí muchos años, una tristeza que venía de su sangre y sus antepasados cuyas vidas fueron marcadas por la soledad. Vivía triste pero acostumbrada a ese sentimiento de vacío que la acompañó desde que empezó a escuchar el canto de los pájaros. Estaba sola.
En el bosque tenía un castillo enorme, tan grande que no le alcanzaba la vida para recorrer todas las habitaciones y jardines encantados. Había también un río con agua cristalina que dejaba ver a través de él cientos de peces de todos los colores, incluso colores nunca vistos por nadie y que ella nombraba con palabras que nadie conocía. En ese paraíso, ella seguía sola.
Cansada de tanta soledad, empezó a soñar e imaginar cómo sería el amor, el rumor del río le habló de él pero ella quiso saber más. Paseaba por los jardines encantados repletos de flores y pájaros, buscaba inspiración y respuestas en el aire del bosque pero no las encontraba. Miraba su reflejo en el río y seguía viéndose sola y triste.
Un día, en su recorrido diario por el bosque sucedió algo que iba a marcar su vida para siempre. Vio algo que creyó que era producto de su imaginación. Frente a sus ojos había una princesa con una hermosura que helaba la sangre, una belleza natural y desinteresada, reparadora. La nena entendió que su sueño se había vuelto realidad.
Desde ese día, iba todas las tardes a verla en ese mismo escenario mágico donde la conoció y pasaban el tiempo hablando e imaginando una vida distinta, una vida sin soledad. Pero sin darse cuenta, sus vidas habían cambiado desde el primer día en que se vieron, ya nunca iban a estar solas, tampoco serían dos...a partir de ese momento se convirtieron en una...un mismo corazón, los mismos sueños, las mismas miradas y las mismas palabras, solo un alma.
Pasaron miles de años y ellas viven aún en ese bosque encantado de mi cuento infinito donde yo también encontré mi princesa eterna.