Camino, pienso...me veo al espejo y te busco. Siento tu presencia desde algún lugar, imagino tus ojos y tu sonrisa aparecer como por arte de magia.
Me despierto y todos los días tomo el mismo colectivo y pienso, te pienso. La pregunta por excelencia es "qué estarás haciendo?"...la respuesta por excelencia es el silencio. Sigo el camino al trabajo, tomo el mismo subte todos los días, el mismo que me llevaba hasta vos pero por alguna razón mi memoria no recuerda cuál era nuestra estación. Guardo la esperanza en el bolsillo, como siempre...
A veces en medio del desastre surgen situaciones que te salvan, como un oasis en el desierto. Porque una vez que llegaste hasta lo más hondo ya no podés caer más, entonces empezás a subir, es consecuencia natural. Así suceden las cosas. Momentos buenos y malos.
Un día como tantos otros me dispongo a salir del trabajo, ya era tarde y seguía en la oficina buscando motivos para no morir, porque era el único lugar mio donde llegaba a alcanzar cierto olvido y a sentirme tan viva como el resto de la gente. Apago las luces y salgo. Caminaba por la calle Corrientes mirando vidrieras pensando en que ahora si puedo comprar mis cosas, lo que yo quisiera, pero aún así nada me llenaba. Bajo a tomar el mismo subte de siempre, una vez en el vagón sube una nena vendiendo almanaques con frases de amor, qué paradoja no? ella en su soledad sin esperanzas y yo pensando en mi sin ella. Le di unas monedas y en mi mano una foto de una playa con la frase al dorso: "Desearía que estuvieras acá". Llegamos a la estación terminal, yo esperaba del lado de adentro de la puerta a que se abra para salir. No recuerdo qué estaba pensado con la mirada baja, lo que sí recuerdo es el momento en que subí la mirada. Creo que el mundo se inmovilizó durante unos segundos. Eran sus ojos, era su pelo. Nos miramos como tratando de aprovechar ese instante y dejarlo en el lugar privilegiado de nuestros recuerdos. Finalmente la puerta se abrió y entre la multitud que salía nosotras sin poder movernos solo nos mirábamos.
Decidí romper el silencio con un "hola, cómo estás?" ella sonrió y me hizo mención del tiempo que había pasado con esa voz que me helaba la sangre.
Había soñado tanto con ese momento que no sabía qué decir. Mientras me contaba qué era de su vida yo la miraba todo lo que podía. Estaba en pareja y me puso contenta verla bien. Ya era hora de despedirnos. Nos miramos sonriendo y le dije, bueno, "andá que se hace tarde y te esperan", en realidad no quería que se fuera. Saqué del bolsillo el almanaque y se lo di, al leerlo sonrió y me dijo, "nunca pude olvidarte". Nos abrazamos por una eternidad, y nos despedimos.
Subió al subte y se fue, yo di media vuelta y seguí viaje.
Me despierto y todos los días tomo el mismo colectivo y pienso, te pienso. La pregunta por excelencia es "qué estarás haciendo?"...la respuesta por excelencia es el silencio. Sigo el camino al trabajo, tomo el mismo subte todos los días, el mismo que me llevaba hasta vos pero por alguna razón mi memoria no recuerda cuál era nuestra estación. Guardo la esperanza en el bolsillo, como siempre...
A veces en medio del desastre surgen situaciones que te salvan, como un oasis en el desierto. Porque una vez que llegaste hasta lo más hondo ya no podés caer más, entonces empezás a subir, es consecuencia natural. Así suceden las cosas. Momentos buenos y malos.
Un día como tantos otros me dispongo a salir del trabajo, ya era tarde y seguía en la oficina buscando motivos para no morir, porque era el único lugar mio donde llegaba a alcanzar cierto olvido y a sentirme tan viva como el resto de la gente. Apago las luces y salgo. Caminaba por la calle Corrientes mirando vidrieras pensando en que ahora si puedo comprar mis cosas, lo que yo quisiera, pero aún así nada me llenaba. Bajo a tomar el mismo subte de siempre, una vez en el vagón sube una nena vendiendo almanaques con frases de amor, qué paradoja no? ella en su soledad sin esperanzas y yo pensando en mi sin ella. Le di unas monedas y en mi mano una foto de una playa con la frase al dorso: "Desearía que estuvieras acá". Llegamos a la estación terminal, yo esperaba del lado de adentro de la puerta a que se abra para salir. No recuerdo qué estaba pensado con la mirada baja, lo que sí recuerdo es el momento en que subí la mirada. Creo que el mundo se inmovilizó durante unos segundos. Eran sus ojos, era su pelo. Nos miramos como tratando de aprovechar ese instante y dejarlo en el lugar privilegiado de nuestros recuerdos. Finalmente la puerta se abrió y entre la multitud que salía nosotras sin poder movernos solo nos mirábamos.
Decidí romper el silencio con un "hola, cómo estás?" ella sonrió y me hizo mención del tiempo que había pasado con esa voz que me helaba la sangre.
Había soñado tanto con ese momento que no sabía qué decir. Mientras me contaba qué era de su vida yo la miraba todo lo que podía. Estaba en pareja y me puso contenta verla bien. Ya era hora de despedirnos. Nos miramos sonriendo y le dije, bueno, "andá que se hace tarde y te esperan", en realidad no quería que se fuera. Saqué del bolsillo el almanaque y se lo di, al leerlo sonrió y me dijo, "nunca pude olvidarte". Nos abrazamos por una eternidad, y nos despedimos.
Subió al subte y se fue, yo di media vuelta y seguí viaje.
